las ciudades destruyen las costumbres...
José Alfredo Jiménez

Entre los factores que detonaron este fenómeno destacan las transformaciones
económicas, políticas, sociales y culturales de las ciudades, que se convirtieron en metrópolis, que a su vez formaron ciudades periféricas, denominadas suburbios o zonas conurbanas, y que al actual ritmo de crecimiento, se encuentran en proceso de formar grandes megalópolis.
El incremento de la población en estas zonas, fue a expensas de las zonas rurales, lo cual produjo una serie de fenómenos de consecuencias impredecibles como:
• La concentración del crecimiento demográfico y económico en pequeñas zonas territoriales, en el mayor de los casos el desarrollo paralelo de centros urbanos, que junto con la zona urbana forman grandes metrópolis.
• El centralismo en la toma de decisiones, pues gran parte de las políticas públicas han girado en torno a la administración de los conflictos de las urbes, más que en solucionarlo.
• La ausencia de representantes ciudadanos en la toma de decisiones, o en la formulación de políticas públicas de largo alcance.
• La falta de políticas públicas para integrar y articular de forma permanente, la planeación estratégica, y la gestión conjunta de servicios de la metrópoli y la zona conurbada.
• La dependencia del gobierno local con respecto al federal, tanto en lo político, como en lo económico, en lo social y cultural.
• La administración de los conflictos que enfrentan las metrópolis como son: el desempleo, la seguridad, el transporte, la vivienda, la vialidad, la infraestructura, la seguridad social, la cultura, el medio ambiente, el abastecimiento del agua potable, la educación, la recolección y tratamiento de la basura entre otros.
• El creciente deterioro de la infraestructura en lo general, y una baja en la calidad de los servicios, principalmente en los sociales, por falta de presupuesto que se manifiesta particularmente en las colonias populares periféricas, donde se observa un alto grado de exclusión social y deterioro de la calidad de vida.
El caso cotidiano: los hidalguenses diariamente quedan atrapados en el tráfico, luchan con la escasez del agua, las fallas de luz, las inundaciones en tiempos de lluvia, la contaminación, la delincuencia, etc. Las zonas metropolitanas de Hidalgo, (Pachuca, Tula y Tulancingo) no son realmente lugares de esperanza.
El espacio urbano compartido obliga a los municipios del Estado de Hidalgo a estudiar y llegar a acuerdos para la construcción de infraestructura, la provisión de servicios públicos y las políticas de ordenamiento urbano. ¿Qué formas toma este tipo de acuerdos y negociaciones? ¿Es posible gobernar un estado confrontado en una fragmentación política, administrativa y de poder?
Hoy más que nunca estas zonas metropolitanas están de moda. Es en ellas donde se sintetizan los problemas más acuciantes de la sociedad contemporánea de principios del siglo XXI: pobreza, marginación, segregación, desempleo y subempleo, delincuencia, explotación de recursos naturales, etc.
Confrontar estos desafíos y aprovechar las oportunidades está dependiendo cada vez más de la forma en que las zonas metropolitanas están siendo gestionadas por autoridades locales, estatales y nacionales. Utilizo deliberadamente el concepto “gestionadas”, pues en México no existen figuras de gobierno que ejerzan esta función en un contexto metropolitano. En otras palabras, y en las condiciones actuales de nuestro país, las zonas metropolitanas no se gobiernan, pues cualquier acto de gobierno pasa necesariamente por la autoridad municipal que forma parte de ella, o por las autoridades estatales o federales.
¿Por qué no ejercer las facultades que tienen hoy en día los municipios para suscribir convenios de colaboración intermunicipal en la resolución de problemas comunes? Habría que indagar los motivos por los cuales esta prerrogativa casi no ejercida en zonas metropolitanas. A manera de hipótesis, una de ellas es la falta de incentivos (económicos y de otro tipo) para cooperar. Otro motivo por el cual no parece existir la voluntad de cooperar son los intereses que se juegan en el proceso de metropolización.
La articulación funcional de dos o más municipios implica en muchos casos conflictos por abastecimiento de agua potable, rutas de transporte público, localización de grandes equipamientos como aeropuertos, rellenos sanitarios o confinamiento de residuos peligrosos, disponibilidad de suelo apto para el desarrollo urbano, especulación, etc.
Estos conflictos, no sólo intermunicipales sino intergubernamentales, no son otra cosa que síntomas del rezago en los procesos de democratización que no han logrado discurrir hasta los espacios locales, donde persisten cotos de poder, cacicazgos y ausencia de causes institucionales para la participación ciudadana.
Será fundamental por lo tanto, continuar con estos procesos de democratización de la vida local mexicana. Estas circunstancias nos remiten a una estrategia para la gestión metropolitana que puede ser ejecutada de manera inmediata. La constitución de organismos intermunicipales o comisiones metropolitanas para la prestación de los servicios públicos. Ya los hay en algunas zonas metropolitanas del país, pero sólo en algunos sectores como los organismos operadores de agua o las policías intermunicipales. En ambos casos, la participación del gobierno estatal suele ser determinante para impulsar este tipo de organismos, aunque esto mismo puede desincentivar a los mismos gobiernos municipales a suscribir un convenio con el Estado, pues lo perciben como una intromisión en facultades recientemente adquiridas y como una pérdida de control político. En el mediano plazo, los organismos operadores intermunicipales podrían evolucionar hacia Agencias o Empresas Públicas Metropolitanas con una mayor autonomía financiera, técnica y de gestión.
Se han creado diversas instituciones para promover la cooperación en las Zonas Metropolitanas de Hidalgo, sin embargo, los acuerdos no se han traducido en implementación de políticas. Podemos señalar que existen dos principales razones por las que no ha sido exitosa la implementación de políticas:
1. No existe una agenda metropolitana compartida y consensada sobre los objetivos a perseguir entre las distintas instituciones.
2. La falta de coordinación entre las comisiones unisectoriales. Una solución completa sobre los problemas que enfrentan las ZM requiere de la participación multisectorial (transportes, vivienda, medio ambiente, etc), de lo contrario sólo es posible proponer soluciones parciales de corto plazo.
A ésas se podrían agregar:
3. La falta de una visión de complementariedad versus una visión de competencia entre las entidades que componen las Zonas Metropolitanas. Las entidades necesitan identificar y reconocer sus complementariedades para así explotarlas.
4. Las entidades municipales se ven como rivales más que como complementos y no existe una agenda metropolitana compartida y consensada sobre los objetivos a perseguir entre las distintas instituciones metropolitanas.
Los componentes de las metrópolis o megalópolis son objeto de procesos económicos, políticos, sociales, culturales y territoriales que trascienden los límites administrativos, igual ocurre con los problemas y conflictos, independientemente de que deban ser atendidos por gobiernos distintos.
Además las metrópolis afrontan retos tales como la elevada concentración demográfica; la contaminación del medio ambiente; la escasez de recursos naturales, en especial el agua y el suelo; la persistencia del centralismo político y la falta de coordinación entre instituciones y órdenes de gobierno; la inseguridad pública; y conflictos territoriales.
Las metrópolis pierden paulatinamente capacidad para responder satisfactoriamente a las necesidades básicas de la población en términos de empleo estable, ingresos suficientes, vivienda, infraestructura urbana y servicios públicos adecuados como salud, educación, recreación y un medio ambiente sano.
En el ámbito económico
En el ámbito económico las metrópolis se encuentran en la encrucijada del desequilibrio de sus tres sectores económicos, en la mayoría de los casos las metrópolis experimentan un acelerado proceso de descomposición que se manifiesta con un dramatismo en una economía informal sin control alguno.
Las metrópolis enfrentan una creciente informalización de la economía, que está estrechamente relacionada con la incapacidad para generar empleos productivos estables y bien remunerados.
Esto debido a factores como la competencia desigual, la insuficiencia de crecimiento económico, el predominio de un reducido núcleo de empresas transnacionales, la desarticulación interna de las cadenas productivas, la contracción del mercado interno, etcétera.
A nivel nacional, según el último Censo de Población y Vivienda del año 2000, del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), los segmentos de población más afectados por la ausencia de oportunidades de empleo estable y bien remunerado han sido los jóvenes y las personas de la tercera edad.
De acuerdo con las cifras, en los grupos de edad de 12-19 años y de más de 60 años es muy superior la proporción de población ocupada en actividades informales que en formales: en los jóvenes se explica por un proceso de incorporación prematura al mercado de trabajo y por la realización de actividades que tienen la finalidad de complementar al ingreso familiar; en los adultos mayores habla de la precariedad del empleo a la que están siendo condenados y de la insuficiencia de los sistemas de pensión y seguridad social.
El ámbito social
En el ámbito social la pérdida de derechos y la ausencia de oportunidades en las metrópolis generan conflictos sociales, desintegración social, aumento de la delincuencia y otras formas antisociales de subsistencia.
Los efectos inmediatos de este proceso son el aumento de número de ocupados dentro de los miembros del hogar; el insuficiente crecimiento de la oferta y calidad de los servicios sociales básicos para atender las necesidades esenciales; el deterioro de la infraestructura, el equipamiento social, y el incremento de grupos sociales en situación de riesgo.
A los factores socio-económicos de exclusión social, hay que añadir otros procesos sociales, derivados en parte de ellos, o generados por los procesos generales de cambio social y las contradicciones de la “modernidad” actual:
a) La desintegración de los núcleos familiares, separación de los padres, madres solteras o abandonadas, niños sin atención por padres que trabajan y carecen de lugares adecuados para ellos, violencia intrafamiliar, etc., en particular en los sectores populares.
b) La temprana expulsión del seno familiar de los miembros de la familia, sobre todo niños y jóvenes, hacia la calle.
c) La contracción relativa de las oportunidades educativas, culturales y laborales de los jóvenes, y su creciente vulnerabilidad a las adicciones.
La Administración de Justicia
La administración de justicia y el combate al crimen organizado ocupa un explicable primer lugar entre las preocupaciones de los ciudadanos metropolitanos, según las cifras proporcionadas por el Sistema Nacional de Seguridad Pública.
Las explicaciones del por qué los sistemas de administración de justicia no son óptimos en las metrópolis son:
a) Una legislación penal y civil ambigua, permisiva y con penalidades leves.
b) La insuficiencia de la calificación y el instrumental técnico de los cuerpos de investigación y averiguaciones previas que llevan a la debilidad de las acusaciones.
c) Los bajos salarios de los empleados del sistema, frente a la gran capacidad corruptora de los delincuentes, sobre todo de cuello blanco y de las mafias organizadas.
d) La sobresaturación de los juzgados ante la insuficiencia cuantitativa y cualitativa del sistema.
e) El manejo político tradicional del sistema judicial y la falta de coordinación por parte de las autoridades.
La Educación
El actual sistema de educación en las metrópolis limita el acceso a servicios educativos de calidad, los contrastes entre los diferentes estratos sociales se ven reflejados en el promedio de escolaridad y en la asistencia a clases.
Los mayores déficits educativos se concentran en las zonas de exclusión de las zonas periféricas y en las zonas conurbadas, que son a su vez los de más rápido crecimiento de la demanda de servicios; en tanto que, en las zonas centrales se cuenta con suficientes planteles y docentes, además de una población en edad escolar descendente, lo que se traduce en la reducción de la matrícula y la subutilización de la infraestructura existente.
La calidad, equidad y eficiencia de la educación se ven limitadas por:
a) La orientación de los programas de estudio y la currícula a carreras sobresaturadas que frenan el desarrollo integral de los ciudadanos.
b) La burocratización de la administración de la educación, que impide una enseñanza vinculada a su entorno, y que frena la capacidad de gestión de maestros y autoridades; que fomenta los mecanismos de control y administración política, que impide a los actores internos del sistema, cuerpo docente y directivo de cada plantel a asumir mayores grados de autonomía, participar de las decisiones, hacerse responsable públicamente de los resultados y la vinculación de los planteles con su entorno.
c) La poca valoración social y económica de los maestros y académicos, que como todos los asalariados en las últimas dos décadas, han visto reducir sus ingresos y calidad de vida.
d) Los reducidos horarios escolares en las escuelas públicas impiden una formación que incorpore adecuadamente la formación tecnológica, artística, recreativa y cultural.
e) La disminución del gasto en educación la cual no cumple con los estándares fijados por la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE).
El sistema de salud
Otro de los grandes desafíos que enfrentan las metrópolis, es sin duda el sistema integral de salud, los rezagos organizativos en el sistema de salud de las metrópolis se reflejan principalmente en la falta de estructuras organizativas e institucionales que no corresponden a la demanda de salud de la población.
La segmentación en servicios públicos y privados con modalidades y programas diversos que generan diferencias de cobertura, calidad y financiamiento por la ausencia de una coordinación e integración normativa y regulada de la salud.
La insuficiente oferta de servicios públicos de salud en las zonas de exclusión, sobre todo en las zonas de la periferia de las metrópolis y las zonas conurbadas.
La disminución del gasto en salud pública y la falta de regulación, que ocasionan el crecimiento de la medicina privada, con la consecuente prestación de servicios médicos de cuestionada calidad.
A lo anterior, se suma la persistencia de rezagos sociales que significan riesgos directos e indirectos para la salud de la población como: desnutrición, bajo nivel educativo, vivienda precaria, hacinamiento y carencia de servicios básicos en las zonas de exclusión, y los cambios en el patrón epidemiológico derivados de la transición demográfica y de la acumulación de enfermedades infecciosas intestinales y respiratorias agudas, así como las crónico degenerativas que, junto con los accidentes, representan la mayor incidencia de mortalidad.
El Transporte
Un reto significativo para las metrópolis que se encuentran en proceso de convertirse en grandes megalópolis es el desarrollo desigual en transporte público y vialidades de las zonas metropolitanas.
En unas existe un creciente dinamismo en la economía, acompañado de flujos de personas movilizadas crecientemente por autobuses, en otras el flujo de pasajeros supera ampliamente los movimientos de carga.
En este mismo orden pareciera concluyente reforzar e incluso abrir nuevos corredores viales para mitigar los flujos ascendentes de la periferia hacia las metrópolis, así como aliviar por un lado el descongestionamiento de las vías que inciden a la metrópoli, pero contradictoriamente establecer nuevos trazos radiales hacia ella.
Parece urgente y necesario incorporar destacadamente el criterio de contribuir, a partir de los trazos carreteros, sobre el flujo de vías y modos de transporte que a la vez que resuelva eficientemente el tráfico, desalienten el crecimiento extensivo que por definición impulsan los ejes carreteros; y también reflexionar sobre el impacto ambiental y consecuencias sociales que trae asociado la apertura ascendente de estas vías de comunicación.
El ámbito cultural
Otro de los desafíos que enfrentan las metrópolis son el acceso a la cultura y a la información, pues se presenta como un consumo desigual e inequitativo.
Sólo una minoría tienen accesos a servicios de calidad, la gran mayoría de la población consume información y cultura “chatarra”, principalmente cuando lo hace a través de los medios de comunicación masiva o siendo más accesible para las zonas centrales de las metrópolis y de difícil acceso para las zonas alejadas.
El consumo desigual de cultura y de información, tiene efectos devastadores sobre los individuos y organizaciones, provoca fragmentación del tejido social, teniendo a su vez consecuencias sobre los espacios de convivencia ciudadana, como el aislamiento y exclusión de los espacios públicos, la alteración arquitectónica urbana y disfuncionalidad de las formas de uso de la ciudad, lo que provoca el deterioro de la calidad de vida de sus habitantes.
Bajo estas perspectivas, las formas de relacionarse quedan sustentadas en la pérdida de habitabilidad y de menor intercambio colectivo entre los miembros de la ciudad; merman la identidad ciudadana y las formas de participación e identificación con ella.
El ámbito político
En el ámbito político las metrópolis enfrentan importantes desafíos, la participación y la representación de los ciudadanos, además que en muchos casos no existen mecanismos para su participación en las tomas de decisiones o en el seguimiento o supervisión de políticas públicas, ni en la rendición de cuentas de los funcionarios públicos.
Pocas son las metrópolis donde se han introducido mecanismos para fortalecer la democracia directa como son el Referéndum, el Plebiscito y la Iniciativa Popular, pero muchas de las veces estos mecanismos han quedado rebasados por el crecimiento de la población y por el proceso natural de la formación de la megalópolis.
Otro desafío recurrente que se presenta es la ausencia de profesionalismo de los representantes populares, la falta de formación profesional les impide desarrollar su labor plenamente, sea porque el que gobierna la metrópoli es de un partido, los órganos de representación son de otro o se encuentran fragmentados o simplemente por protagonismo o por desconocimiento del oficio.
Otro desafío importante es sin duda el de la administración de la metrópoli, el principal reclamo en este rubro es la falta de cuadros profesionales en la administración pública, no existen mecanismos técnicos en la toma de decisiones, los ciudadanos desconocen el porqué y el para qué se aplica determinada política pública, tampoco entienden porqué se favorece el centro de la metrópoli y no los suburbios, la periferia o las zonas conurbanas de la metrópoli
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